Cafe Veracruz

Reflexiones al calor de un café, por supuesto, veracruzano / Thoughts I have while taking a coffee, of course, from Veracruz

“¿Bailamos?” o cómo educamos a los niños hoy en día. 9 octubre 2013

Filed under: reflexión — karymcberry @ 3:03
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¿Qué lecciones de vida le estamos dejando a los niños cuando queremos que tomen tantas clases para ser ‘competitivos’, para ‘no quedarnos atrás con respecto a otros niños’? (¿O tal vez para presumir como padres que nuestros hijos son ‘prodigios’?) ¿Cuando les negamos el simplemente jugar, divertirse, ser ellos mismos y no todo el tiempo de clase en clase? Un video para reflexionar.

En otro post comentaré algo que leí respecto a esa tendencia que tenemos los adultos de querer endilgarles nuestros miedos y nuestras expectativas del futuro a los niños. Pero por ahora, este video lo explica efectivamente.

 

“Cuidado, persona altamente sensible” 25 mayo 2013

Qué sorpresa fue leer, en un blog que sigo (y que hace mucho no leía por falta de tiempo) que la autora, Charlotte Hilton Andersen, cuenta una experiencia que le pasó en el gimnasio y cómo descubrió que esa sensación de ser diferente, rara, tiene una razón.


Estando en su clase de zumba se preparaba para iniciar cuando sintió algo que no estaba ahí el día anterior: una brisa.




Por desgracia para Charlotte una compañera de clase tenía el ventilador apuntando hacia ella y hacia Charlotte. Lo que no sabía era que Charlotte siempreha tenido una aversión a la brisa de los ventiladores, así que cuando tuvo su primera oportunidad discretamente lo movió para que no estuviera dirigida a ella, pero también de paso dejó a la mujer de adelante sin brisa, con lo cual obtuvo una mirada de “regresa el ventilador a su lugar” y tuvo que ponerlo ahí.


Sin embargo, logró evitar el ventilador cambiando de lugar con su amiga, a quien tenía junto (pero a la que no le llegaba el aire del ventilador). Después notó que la compañera de clase la veía con mala cara y se preguntó si no pensaría que estaba evitándola o teniendo algún tipo de pelea dancística con ella. Así que tuvo que ir y explicarle que era contra el ventilador la pelea, que nunca ha podido soportarlos.


Y es que Charlotte siempre ha sido altamente sensible a cosas que estimulan de modo constante: música de fondo en los restaurantes, luces parpadeantes, voces muy agudas, no puede simplemente ignorarlas. No le es posible ignorar el viento del ventilador, como cualquier otra persona.


Además, también le cuesta trabajo ignorar los humores de otras personas, incluso en la televisión. Se siente físicamente influenciada por ello y mal. Y resulta que esto es un rasgo de personalidad y se llama “persona altamente sensible”. 


Esta característica se presenta en 1 de cada 20 personas. Incluso una doctora, Elaine Aron, quien escribió un libro al respecto, tiene un test (en inglés) para distinguir si uno la tiene. Y como sospechaba, luego de leer el problema que tuvo Charlotte con el ventilador y hacer el test, di “positivo” en 26 de 27 preguntas, así que definitivamente tengo esa “cualidad”.


Soy altamente sensible al dolor (todo me duele demasiado, sea que me pegue en un dedo del pie con un mueble o me raspe con la pared o cuestiones que a otras persona NO le duelen tanto, a mí sí). Me siento estresada cuando hay demasiados estímulos a mi alrededor. La música fuerte (como la banda, que usa instrumentos que son muy intensos, por algo me molesta) no la puedo “apagar” o “ignorar” como me piden algunas personas. A veces soy muy sensible a pequeños cambios en el ambiente (ok, casi siempre 😛 ). 


Otras cosas que no soy buena manejando: los olores fuertes (cigarro, una cañería, aceite quemado), telas ásperas (no soporto la lana, por ejemplo) o luces muy brillantes (mi ambiente ideal: luces atenuadas, cortinas cerradas o al menos que no entre la luz directo a mis ojos). Si tengo mucho que hacer en poco tiempo y me están vigilando o presionando me estreso y lo hago peor de lo que lo haría sin esas presiones (sí, me caigo mal por eso). No puedo tener mucha hambre por mucho tiempo porque me desconcentro y me pongo de malas. 


También tiene cosas buenas, soy sensible a la buena música, arte, sabores u olores placenteros, etc. Este tipo de personas son muy trabajadoras, ordenadas, comprometidas con lo que hacen, pueden sentir qué hay que arreglar de una situación para que la gente esté más cómoda y lo hacen. 


Lo importante de saber que estás en ese grupo de 1 en 20 personas altamente sensibles es que al menos se puede uno explicar por qué rayos sientes las cosas con tanta intensidad, aunque lo trates de bajar o disimular o poner cara de buenos amigos o no ser una molestia con tu alta sensibilidad a los demás, aunque casi siempre lo notan y creen que es algo contra ellos cuando en realidad la batalla la tienes contra ti misma o mismo.

Y pues no es necesario sentirse un fenómeno de la naturaleza o extraña. La cuestión es afinar lo bueno que te puede traer el ser muy sensible. Hay que tratar de escuchar lo que uno necesita y resolverlo sin molestar a los demás. Reírse de uno mismo. Disfrutar el que puedes ser muy empática con otras personas y comprender cosas que quizá otros no, o que sientes de manera más intensa lo increíble de una buena pieza de música, de un buen vino, de una buena comida, de una flor, etc. Yo he podido ir bajando mi “locura” un poquito tratando de analizarme a mí misma y qué cosas me ponen los pelos de punta y, por ejemplo, si no soporto x música, tratar de no decirlo y simplemente usar mis audífonos a discreción.

Todos tenemos nuestras cuestiones, pero creo que se puede aprender de nosotros mismos y sentirse más a gusto con uno mismo. Y en eso estoy.

 

De sustitos y otras cosas 29 octubre 2012

Filed under: anécdotas — karymcberry @ 2:41
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Yo siempre he dicho que no soy la madre del año, que a veces tengo dudas sobre qué hacer para controlar x situación o conducta a mis niños y casi siempre estoy buscando maneras de hacer mejor las cosas (consejos de amigos/as, Internet, programas de radio o tele sobre niños, revistas, como se pueda).

Pero caray, hoy sí otra mamá me dejó con el ojo cuadrado. Juzguen ustedes.

Mis hijos y yo veníamos de la escuela de mi hija mayor. Había yo ido ya por el pequeño y salimos tarde de la segunda escuela porque mi enana estaba copiando una tarea (y es luego un poco lenta al hacerlo). Pues veníamos caminando por donde siempre (aunque ese día casi cambio de ruta por ir a preguntar un par de datos) cuando mi hija me dice “¡Mira, mamá!” Cuando voltee a ver lo que me señalaba casi me da ahí mismo un mini infarto: un niño vestido de piyama roja colgado de las protecciones de la ventana ¡del segundo piso de un edificio de departamentos!

Aunque me dio terror interno lo primero que pensé fue en ir a cacharlo, ayudarlo a bajarse, algo antes que se lastimara. Le tome la mano a mis niños, cruzamos la calle apurados y ya en la otra acera me quité la bolsa, la mochila de mi hija, la aventé y corrí a ponerme abajo de la ventana. Empezaba a buscar qué hacer, si cacharlo o subirme a la ventana de abajo a ver cómo cuando por fortuna pasó otra persona que vio lo que ocurría (un hombre, seguro también con hijos como yo) y se subió a la ventana y de un brazo jaló al niño y me lo pasó/aventó para que lo cachara.

Me sentí súper aliviada de que no le hubiera pasado nada al pequeño, adentro de la casa había otra niña (por lo que pude ver como de 4, el niño como de 3 máximo) y comencé a preguntarle si estaba su mamá o dónde estaba. No atinaba a contestarme, nada más lloraba, igual que el pequeño que seguí cargando porque, obviamente, ya para entonces se dio cuenta del peligro que corrió (mínimo un hueso roto a la altura que estaba).

En eso vimos que venía la mamá caminando quitada de la pena (me pregunto, si ves a tu hijo en brazos de una extraña, afuera de tu casa, ¿no corres a ver qué ocurrió? En fin). Cuando llegó le expliqué lo que había pasado y la señora sólo dijo “Ay, Brian”. Aunque internamente pensé “¿qué le pasa a esta mujer, se tomó la botella de Prozac o por qué no reacciona?” sólo le dije “como recomendación, mejor lléveselos a la tienda”.

Una cuadra después comencé a temblar y no pude evitar que se me salieran las lágrimas y eso que no fue mi hijo o hija los que estuvieron en esa situación. Estaba tan impresionada que lo compartí en Twitter y luego en Facebook buscando apoyo moral (porque mi marido ya había salido y mis amigos que viven cerca supuse no los vería, pensando que seguro ya llevaban un buen rato en el trabajo, aunque al final sí los encontré, les conté y más llanto, no les recomiendo sustitos del estilo).

Mi punto es: no hay que confiarse. Aunque vayan a una distancia de media cuadra (la distancia a la tienda más cercana de ese departamento) es mejor llevar a niños de menos de 7 con ustedes. Que sí, que hay que vestirlos para salir, ponerles zapatos o sandalias, cargarlos quizá si no quieren caminar, caminar lento, etc., pero es mejor a esperar a que ocurra algo terrible.

Me acuerdo mucho de cuando trabajé en un periódico y muy seguido me tocaba editar notas de niños fallecidos por asfixia o quemaduras en sus casas cuando se volteó una veladora o encontraron unos cerillos. Y también he leído en los periódicos casos de niños que caen desde no un 2o. piso, de un quinto o peor 😦

Pero bueno, ojalá de ahora en adelante esa mamá no se tome tan con calma las cosas, que igual a la altura que estaba el pequeño no le pasaba nada gravísimo pero un hueso roto o una lesión sí. Los niños son tan impredecibles que más vale no dejar las cosas al azar.

 

¿Es la educación actual la ideal? 16 agosto 2012

Filed under: curiosidades,reflexión — karymcberry @ 2:33
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Estos días he estado viendo un documental hecho en Argentina llamado La Educación Prohibida. El video trata el tema de la educación y sus orígenes, cómo nació como una forma de generar mano de obra entrenada para las fábricas en la naciente Revolución Industrial y cómo mantiene muchos de los preceptos y prácticas de su origen (alrededor de finales de 1700).

El documental es gratuito y quienes lo crearon invitan a difundirlo, insertarlo en cualquier blog (como hago a continuación) y compartirlo en redes sociales.

Impresiona mucho cómo, aún siendo un documental hecho en otro país, muestra prácticas que se repiten en prácticamente todas las escuelas públicas (y en muchas privadas) respecto a la educación: educación de niños como si fueran productos en una línea de ensamblaje, con ciertos pasos, en cierto orden, sin relación con la realidad, enseñando materias y conocimientos “por si algún día te sirvan”, sin aplicación práctica, con un profesor adulto que era el único que dictaba su clase dejando participar pero guiando esa participación a donde él quería, sin creatividad, sin cuestionamientos.

¿Les suena? Efectivamente, a mí sí, y aunque acudí a escuela privada ya hace mucho tiempo, estas mismas prácticas me tocaron al menos en primaria y secundiaria. En preparatoria esto cambió un poco porque me moví a una escuela donde había un poco más de conciencia acerca de que era necesario “deseducarnos” de lo anterior para crear ciudadanos pensantes y críticos, no borregos dirigidos a lo que el gobierno o los poderes del país dijeran.

Espero les guste el documental, yo lo estoy viendo por pedazos y me está poniendo a pensar.

 

Looking for changes 10 agosto 2012

Filed under: anécdotas,Uncategorized — karymcberry @ 2:27
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Foto: Flickr / GollyGForce

Como el título este post (una canción de Paul McCartney) es como estoy, buscando cambios. Y creánme, no es  fácil. Me siento como un ratón que está intentando que la rueda de la fortuna en la que va subido deje de dar vueltas para bajarse. Es complicado.

Además, es difícil cuando pienso que tengo que hacerlo sola. Porque, por ejemplo, por cuestiones de la vida mis contactos personales, los que todo mundo da por sentado en las familias mexicanas, no los tengo disponibles, sea porque mis pocos tíos viven lejos y nunca tuve una relación estrecha con ellos, no tuve más que 2 primos y tampoco son cercanos ni emocional ni geográficamente, porque mi marido está con un proyecto que le exige estar lejos de casa gran parte del día y porque tengo amigos, excelentes amigos, pero tampoco puedo pedirles más que consejo y no es posible que me ayuden, por sus ocupaciones, porque también tienen (obviamente) una vida que mantener.

Y sin embargo, tengo que hacerlo. No sé, quizá no funcione lo que estoy planeando, pero no puedo quedarme sin al menos hacer el esfuerzo. Quiero tener algo que considere un proyecto creado por mí, del que pueda sacar ciertas cosas que por el momento he tenido que posponer, para mí, para la familia, para mis hijos, para mi vida.

Y no, no es fácil porque todo esto debo planearlo y pensarlo desde cero, enfocarlo muy bien, buscar un nicho que permita tenga éxito y todo en los tiempos que me dejan las actividades de los niños, mis trabajos actuales y el tener una casa en  orden como para que funcione.

La vida no es fácil, pero a veces se siente más complicada de lo usual. Y uno como el más grande descrifrador/a de acertijos del mundo. .

 

Los trabajos de una casa y otras anécdotas 31 mayo 2012

Filed under: vida diaria — karymcberry @ 2:19
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Pues ustedes no están para saberlo (pero yo sí para contarlo) pero ando, otra vez, rodeada de cajas: me volví a mudar. No fue muy lejos el asunto, del DF al área conurbada, a una zona donde ya había vivido.

Toda una serie de eventos inesperados (en serio) nos hicieron tomar la decisión, entre que los niños, obviamente, necesitan espacio vital y además, ya la seguridad en la zona no era ideal precisamente (5 veces se metieron al edificio) y a eso añadirle que estábamos en un espacio pequeño para el tamaño de familia que tenemos y era hasta el quinto piso (no saben qué increíble se siente un temblor de 7.2 allá arriba -es sarcasmo-).

Pero principalmente, quiera uno o no tarde o temprano, cuando eres padre o madre, notas que lo ideal para ellos es que puedan salir a jugar, tener amiguitos “de la cuadra”, convivir, aprender a hacer actividades independientemente de uno y no estar el 90% del tiempo en un departamento en medio de la ciudad sin poder salir mucho por falta de tiempo maternal o de espacios para que lo hicieran a sus anchas.

Así que acá estamos. Incluso tenemos, hoy día, una refugiada: Cuca Solovino, una perruna como de 6 meses con un aire a labrador que llegó a poco de que nos habíamos mudado pidiendo comida. Le dimos asilo con la idea de dársela a algún amante de los perros pero… aún no sale una persona que quiera cuidarla y quererla.

Spotty (atrás) y Cuca.

Y pues mientras son peras o manzanas he tenido que pasearlas yo, porque mi marido tuvo una linda fractura de metacarpo -lo de lindo es un decir- tratando de agarrarse en un transporte público cuyo chofer arrancó sin importarle quién se hubiera sostenido o no :/

Ha sido la locura, tanto en readaptarme a tener que cuidar una casa con todo lo que implica como a poner reglas a los niños y a cuidar y mantener bien a este par de perrunas. A eso, agréguele cosillas que pasan diario que a veces muestran que algunos pueden ser intolerantes aunque tú trates de ser amable. Les cuento.

Salgo a la calle con las dos perrunas, una de ellas jalándome a todo lo que daba (o sea, la chiquita, desesperada) y la otra más leve. No vi a nadie en el camino, así que salí. Comienzo a caminar en dirección al parque y escucho atrás de mi, pero como a 6 metros, una voz, pero como estaba cuidando que las caninas no dejaran algún “adornito” y con bolsa lista por si se diera el caso, no hice mucho caso.

Ya que la voz comenzó a ser más cercana, orillé a las caninas (las pongo siempre tras de mí, paradas en el pasto, a esperar que pase la gente por la  acera, que en esta zona es ancha). Ya como a 3 metros, veo quién era la persona que iba a pasar y noto a un padre de familia, con voz “indignada” y “justiciera”, diciéndole a su hijo como de 5 años: “vámonos por este lado, es más seguro, porque parece que los perros son más importantes que las personas”.

Lo primero que pensé fue: “Ok, esto es romper récord, 8 de la mañana y ya alguien quiere amargarme el día” (con algo de risa interna, creánme) y luego decidí no quedarme callada. Así, al otro lado de la calle, le grité “Te estaba dando el paso”. El tipo se hizo un segundo el loco, luego sí me volteó a ver y le repetí lo mismo, palabras más o menos.

El tipo siguió con su hijo y se fue. Yo me pregunto, ¿cuesta mucho decir: “con permiso, voy a pasar” y ya entonces, si no se lo hubiera dado, enojarse con todo derecho? ¿Es necesario ser pasivo-agresivo para obtener lo que supone le voy a arrebatar -su derecho de paso-? Sin duda, algunos necesitan una tacita de té de tila antes de salir a la calle.

Lección que todos deberíamos (algunos más que otros) aprender: Si quieres algo no asumas que otras personas “no te lo van a dar” o “te lo arrebatarán/arrebataron” por mala leche, aplicada específicamente contra ti. Quizá esa persona (como fue mi caso) ni siquiera ha notado que estás ahí y simplemente debes pedirle lo que necesitas. En pocas palabras, si no hay necesidad, no seas imbécil.

 

Lo que le dices a los niños 9 abril 2012

Filed under: reflexión,Uncategorized — karymcberry @ 2:12
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Foto: Flickr / Ronn Tan

Muchos adultos creen que no importa lo que los niños escuchan o lo que le dices a un niño, que su percepción de las cosas es diferente y lo que les decimos “de juego” en realidad no los afectan a largo plazo.

Pero cada vez compruebo, por experiencia propia, con mis hijos y en ejemplos que veo en otras familias, que claro que no es así, que lo que le decimos a nuestros niños o niñas en los que tenemos influencia (nietos, sobrinos, alumnos, etc.) sí causa un impacto y a veces más profundo que el que esperaríamos.

Me tocó hace poco ver un ejemplo de esto. Una familia que a sus nietos/sobrinos les dice cosas como que “ah,  qué güerita, qué linda”, etc. y refiriéndose a las personas con tez morena con comentarios que llegan a los discriminatorios, como “parece frijolito” o simplemente no tomándolos en cuenta. Misma situación con cuestiones de peso: delgado es bonito, es bueno, es lo mejor del mundo, pasado de peso es feo, es malo, es lo más indeseable en una persona. Para hacer más compleja la cosa, por supuesto que siempre están compitiendo por “¿a quién quieres más, a tu tía Fulanita o a Menganita?, ¿a tu tío Mengano o a tu tío Perengano?”

Pareciera algo tan irrelevante y superficial, es cierto, pero comentarios como ése por supuesto que causan en los niños una profunda inseguridad. En primer lugar, les estás diciendo que hay personas mejores o peores que otras según como se vean y no por sus cualidades y acciones. Además, que es normal o deseable tener un favoritismo en el cariño hacia x persona de tu familia y a tratarlos diferente también acorde a esto.

Me parece triste y más porque esa familia del ejemplo no se da cuenta de lo que hace ni en el corto ni en el largo plazo. Que quizá esos niños tengan trastornos de la alimentación a futuro al considerar que tener kilos de más es malo e indeseable. Que tal vez alguno de esos niños se sienta con menor valía por el simple hecho de tener cierto tono de piel.

Pero creo que quienes tratamos (al menos tratar) de mantener lo más equilibrada posible la estabilidad emocional de nuestros hijos/sobrinos/alumnos bien haremos en tratar de aprender en cabeza ajena y vigilar qué le decimos a nuestros niños. Tanto en el sentido positivo (¡eres muy lista/o! ¡qué buena/o para las matemáticas eres!) como lo negativo (¡tonto/a! ¿cómo que no entiendes las sumas?) sí afecta a nuestros niños, sí les hace mella, sí los va convenciendo de que tenemos razón. Y entonces, esas frases que lanzamos al aire tan sin pensar se convierten en realidad.

Por eso, cuidado con lo que le dices a los niños en momentos de enojo o de “juego”, porque sí puede cambiar su visión de sí mismos y por lo tanto, la forma en que dejarán huella en la vida.